La biografía de nuestro más universal escritor, Don Miguel de Cervantes se diluye entre la niebla de los tiempos. Pocos datos hay ciertos y cabalmente contrastados sobre la vida del autor de Don Quijote. Miles de eruditos e investigadores llevan años intentando completar este borroso puzzle de datos para construir la presencia de Don Miguel. Y aunque hay investigadores entusiastas que defiende que Cervantes nació en Córdoba parece que esto no está del todo demostrado, claro que lo contrario tampoco.

Naciera o no en la ciudad, lo que si se sabe con certeza es que Córdoba, y más concretamente la Plaza del Potro son escenarios cervantinos puros y parte de la vida de este escritor.

Se sabe con certeza, por ejemplo que sus abuelos paternos eran cordobeses.

Se sabe también que Rodrigo de Cervantes y Torreblanca nació en Córdoba y de oficio cirujano, fue el progenitor del genio.

Y también sabemos con seguridad que el tal Rodrigo y Leonor, su esposa, marcharon a Valladolid, después de vivir un tiempo en Alcalá de Henares en 1552, donde al parecer nació el genio,para seguir ejerciendo su trabajo de cirujano sin título. La suerte no les acompañó y fue encarcelado y embargado por ello. Tras demostrar su limpieza de sangre y rango, desde allí, con Miguel a punto de cumplir los 5 años, regresan a la Córdoba natal y se instalan en la Plaza del Potro, concretamente en una hacienda de la calle Gragea, a espaldas del Potro y muy cerca de nuestro Hotel Viento10, hasta 1563.

Es decir, que Cervantes vive años de su infancia al menos, en la concurrida Plaza del Potro, un hervidero de gentes entre las que tenían especial importancia los tratantes de caballos. En las Caballerizas Reales de Córdoba se trabaja por orden de Felipe II en la producción del caballo español. En Córdoba en ese momento se compran los mejores caballos del mundo.

Cervantes lleva en sus recuerdos a esta popular plaza cordobesa, que quedará reflejada hasta en tres pasajes de “Don Quijote de la Mancha”. Veamos cuáles!


Parte 1. CAPÍTULO III
Donde se cuenta la graciosa manera que tuvo D Quijote en armarse caballero.

(...) El ventero, que como está dicho era un poco socarrón y ya tenía algunos barruntos de la falta de juicio de su huésped, acabó de creerlo cuando acabó de oir semejantes razones, y por tener que reír aquella noche determinó de seguirle el humor; y así le dijo que andaba muy acertado en lo que deseaba, y que tal prosupuesto era propio y natural de los caballeros tan principales como él parecía y como su gallarda presencia mostraba, y que él ansimismo en los años de su mocedad se había dado á aquel honroso ejercicio andando por diversas partes del mundo buscando sus aventuras, sin que hubiese dejado los Percheles de Málaga, Islas de Riaran, Compas de Sevilla, Azoguejo de Segovia, la Olivera de Valencia, Rondilla de Granada, playa de Sanlúcar, Potro de Córdoba, y las ventillas de Toledo, y otras diversas partes donde habia ejercitado la ligereza de sus piés y sutileza de sus manos, haciendo muchos tuertos, recuestando muchas viudas, deshaciendo algunas doncellas, y engañando á algunos pupilos, y finalmente dándose á conocer por cuantas audiencias y tribunales hay casi en toda España; y que á lo último se habia venido á recoger á aquel su castillo.

Parte 1. CAPÍTULO XVII
Donde se prosiguen los innumerables trabajos que el bravo D Quijote y su buen escudero Sancho Panza pasaron en la venta que por su mal pensó que era castillo

(...) Quiso la mala suerte del desdichado Sancho que entre la gente que estaba en la venta se hallasen cuatro perailes de Segovia, tres agujeros del potro de Córdoba, y dos vecinos de la heria de Sevilla, gente alegre, bien intencionada, maleante y juguetona, los cuales casi como instigados y movidos de un mismo espíritu se llegaron á Sancho, y apeándole del asno, uno dellos entró por la manta de la cama del huésped, y echándole en ella alzaron los ojos y vieron que el techo era algo mas bajo de lo que habian menester para su obra y determinaron salirse al corral que tenia por limite el cielo, y allí puesto Sancho en mitad de la manta comenzaron á levantarle en alto, y á holgarse con él como con perro por carnestolendas.

Y por último esta que es lo que hoy llamaríamos un microrelato. Es un pequeño y gracioso cuento a modo de presentación da inicio a la segunda parte de las aventuras del hidalgo caballero, y que además es el origen de una famosa frase española: “¿Son galgos o podencos?”

Parte 2
Prólogo al lector

(...) Habia en Córdoba otro loco, que tenia por costumbre de traer encima de la cabeza un pedazo de losa de mármol, ó un canto no muy liviano, y en topando algun perro descuidado, se le ponia junto y á plomo dejaba caer sobre él el peso: amohinábase el perro, y dando ladridos y ahullidos, no paraba en tres calles. Sucedió, pues, que entre los perros que descargó la carga, fue uno un perro de un bonetero á quien queria mucho su dueño. Bajó el canto, dióle en la cabeza, alzó el grito el molido perro, violo y sintiólo su amo, asió de una vara de medir, y salió al loco, y no le dejó hueso sano, y cada palo que le daba, decia, perro ladron, ¿a mi podenco? ¿no viste, cruel, que era podenco mi perro? y repitiéndole el nombre de podenco muchas veces, envió al loco hecho una alheña. Escarmentó el loco y retiróse, y en mas de un mes no salió a la plaza, al cabo del cual tiempo volvió con su invencion y con mas carga. Llegábase donde estaba el perro, y mirándole muy bien de hito en hito, y sin querer ni atreverse á descargar la piedra, decia: este es podenco. ¡guarda! En efecto todos cuantos perros topaba, aunque fuesen alanos, ó gozques, decia que eran podencos, y así no soltó mas el canto. (...)

Azulejo conmemorativo en la Plaza del Potro


 

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