Como se ve, Gerardo, el propietario, también prefiere el antiguo apelativo. Y, por mi parte, después de recorrer y disfrutar cada uno de sus rincones, anoto en mi Moleskine, que sí, que el nombre también le va perfecto: el viento como símbolo de renovación, como alegoría de los espacios puros, como atributo de la inspiración, como espíritu nómada... Todo esto se siente aquí, en un lugar que combina una arquitectura de líneas netas con elementos sinuosos, mobiliario de diseño con ambientes etéreos, y que sigue estando unido a la esencia de la ciudad.
Es un buen ejemplo de la nueva Córdoba y unos entornos que evidencian el flujo del siglo XXI corriendo bajo su piel romana, judía, cristiana, árabe y patrimoniounesca.

La categoría de dos estrellas engaña, pues este recién estrenado hotel bien podría tener el doble, pero el número de habitaciones (tiene siete) lo acota. Por otro lado, ahí reside su encanto. Es un lugar pensado para la tranquilidad, para encontrar tiempo de relajarse, escuchar, sentir, charlar. Todo ello en un entorno absolutamente moderno, casi minimalista, pero lleno de espíritu y personalidad."

