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Has estudiado nuestra lengua. Muy satisfecho sales a la calle con la intención de practicar, pero tu sorpresa es mayúscula cuando descubres que no entiendes la mitad de las palabras. Tranquilo, no es culpa tuya. Cada ciudad española ha desarrollado su propio vocabulario que usan a diario. En el caso de Córdoba no es que sea muy extenso, pero se usa mucho. A continuación he construido un pequeño relato donde he procurado que estuvieran la mayoría de estos palabros para que los identifiques y no te sientas perdido en la conversación con los nativos. 

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Hoy os contaré un pego que le pasó a mi compadre Rafaé, un nota un tanto fartusco y pejigeras, que se fue a dar un bureo al mercadillo pa bichear y chusnear un rato..

Antes se había endiñao tres vargas y dos fitifiti y ya andaba un poco piripi por lo que caminaba en tengerenge entre la bulla, achuchando a la parroquia que tenía que hacer virguerías para no toparse con él.

Como pudo llegó al puesto de verduras donde compró un kilo de habicholillas, y de entre los jaramagos que había escogió una mijita de orégano, un manojo de perejíl, también una borsita de salaíllos y sais chumbos fresquitos.

Al llegar a un puesto de frutos secos se le antojó averiguarse unas avellanas, así que se acercó a guindar el material con idea de pillar algunos avíos. Asín que cortando la cháchara que el tendero se traía con una gachí que llevaba unos zarsillos enormes de plata, le espetó:

-Cucha! ponme un cuarto de avellanas y otro de avellanas cordobesas*.

-Eh!, dijo el nota que venía de Castilla y aquello le sonó raro. No diga usted paparruchas, las avellanas no tiene ni patria ni carnet de identidad.

-Usted no tiene ni pajolera idea! las redondas son las cordobesas y las apepinás las avellanas.

El tendero, al que le iba a dar un patatús respondió:

- ¿Qué dice usted hombre! las apepinas como usted le llama,  son cacahuetes de tó la vida, y las redondas avellanas. Avellanas de Córdoba, de Valencia o de la India… Avellanas!

- Rafaé machacó: No diga usté pegoletes, la reonda es avellana cordobesa de toa la vía. Y la otra la avellana de siempre, no ve usté que pa que sean cacahuetes tienen que venir con la cáscara...

Como mi compadre aparte de un poco fartusco era también un plasta, así siguió errequerre hasta que el tendero, que estaba a punto de darle un avenate, zanjó la perorata; le lió la compra de mala manera en un paquete bien chuchurrío, y se lo endiñó mú malajemente.

Marchó Rafaé como pudo con su tengerenge en dirección a la kely, pero como siempre iba aturullao y un tanto ennortao, resbaló con un seruyo que pisó y se dió con la graílla de la asera un calamonaso del copón en la pelota. El borococo fue descomunal y con el guarrazo se llenó de matauras y se rompió el saquito. Cuando por fin consigue recuperar la compostura, vió que toa la mercancía estaba esparramá por los bolos de la calle. Los palomos se habían zampao las avellanas, las cordobesas y las otras.

Cucha!, le dijo Rafaé a un nota que pasaba junto a él, me puedes alargar esa borsa que me via jartár de habicholillas mareás con aceite y miajones de telera. ¡Me via poner púo!

¡Pero agila que se la llevan las palomas!

Sanseacabó el pegolete!

 

(*) En Córdoba existe la costumbre de llamar a las avellanas "avellanas cordobesas". También suelen llamarle avellanas a los cacahuetes (o cacaué).

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TRADUCCIÓN:

Hoy os contaré un pego (tontería) que le pasó a mi compadre Rafaé, un nota (persona) un tanto fartusco (tonto) y pejigeras (caprichoso), que se fue a dar un bureo (paseo) al mercadillo pa bichear (ver) y chusnear (husmear) un rato..

Antes se había endiñao (bebido)  tres vargas (tinto con gaseosa) y dos fitifiti (mezcla de vino blanco y dulce) y ya andaba un poco piripi (borracho) por lo que caminaba en tengerenge (tambaleándose) entre la bulla (gentío, multitud), achuchando (empujando) a la parroquia que tenía que hacer virguerías (malabarismos, actos meritorios y de difícil ejecución) para no toparse con él.

Como pudo llegó al puesto de verduras donde compró un kilo de habicholillas (judías verdes) , y de entre los jaramagos (hierbas o malas hierbas) que había escogió una mijita (pequeña cantidad) de orégano, un manojo de perejíl, también una borsita de salaíllos (altramuces) y sais (seis) chumbos fresquitos

Al llegar a un puesto de frutos secos se le antojó averiguarse (conseguir, comprar) unas avellanas, así que se acercó a guindar (ver) el material con idea de pillar (coger, comprar) algunos avíos (ingredientes). Asín (así) que cortando la cháchara (conversación) que el tendero se traía con una gachí (muchacha) que llevaba unos zarsillos (pendientes) enormes de plata, le espetó:

-Cucha! (escucha) ponme un cuarto de avellanas (cacahuetes)y otro de avellanas cordobesas (avellanas sin más).

-Eh!, dijo el nota (tipo, persona desconocida) que venía de Castilla y aquello le sonó raro. No diga usted paparruchas (bobadas), las avellanas no tiene ni patria ni carnet de identidad.

-Usted no tiene ni pajolera (en estudio su significado) idea! las redondas son las cordobesas y las apepinás (forma alargada u oval) las avellanas.

El tendero, al que le iba a dar un patatús (lipotimia) respondió:

- ¿Qué dice usted hombre! las apepinas como usted le llama,  son cacahuetes de tó la vida, y las redondas avellanas. Avellanas de Córdoba, de Valencia o de la India… Avellanas!

- Rafaé machacó (insistir): No diga usté pegoletes (bobadas), la reonda es avellana cordobesa de toa la vía. Y la otra, la avellana (cacahuete) de siempre, no ve usté que pa que sean cacahuetes tienen que venir con la cáscara...

Como mi compadre aparte de un poco fartusco (tonto) era también un plasta (pesado), así siguió errequerre (insistir) hasta que el tendero, que estaba a punto de darle un avenate (ataque de ira) , zanjó la perorata (conversación larga y sin utilidad); le lió la compra de mala manera en un paquete bien chuchurrío (arrugado, mal acabado), y se lo endiñó (dar de mala forma o gana) mú malajemente (con mala intención).

Marchó Rafaé como pudo con su tengerenge (tambaleando) en dirección a la kely (casa), pero como siempre iba aturullao (despistado o precipitado) y un tanto ennortao (otra fórmula para despistado), resbaló con un seruyo (caca, excremento habitualmente de perro) que pisó y se dió con la graílla (bordillo) de la asera un calamonaso (trastazo, caida, golpe) del copón (muy grande) en la pelota (cabeza). El borococo (chichón) fue descomunal y con el guarrazo (caída ruidosa) se llenó de matauras (heridas cutáneas) y se rompió el saquito (jersey). Cuando por fin consigue recuperar la compostura, vió que toa la mercancía estaba esparramá (diseminada por todas partes) por los bolos (piedras del pavimento) de la calle. Los palomos se habían zampao (comido) las avellanas, las cordobesas y las otras.

Cucha!, le dijo Rafaé a un nota que pasaba junto a él,  me puedes alargar (traer, acercar) esa borsa que me via jartár (mucho de lo que sea) de habicholillas (judías verdes) mareás (salteadas) con aceite y miajones (migas, el interior del pan) de telera (pan típico de Córdoba). ¡Me via poner púo! (va a comer hasta reventar)

¡Pero agila (darse prisa) que se la llevan las palomas!

Sanseacabó (fin) el pegolete (tontería)!


 

 

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