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Tiene miga la cosa!. Que la única reina católica nacida en Córdoba y que ha pasado a la Historia con el sobrenombre de la "Reina Discreta", viniera al mundo precisamente en "La fería de los discretos" que es el título que Pío Baroja, profundo conocedor de las intimidades de la ciudad, le puso a su novela ambientada precisamente en Córdoba. Una extraña carambola que une a la ciudad con este adjetivo: La Discreción.

Claro que no deja de ser sorprendente que esta dama tan discreta acabara siendo reina de Portugal, madre de reyes, suegra de Carlos V, abuela de Felipe II y esposa Manuel I, la figura central de la historia de Portugal, emperador de un gran imperio colonial, bajo cuyo mandato se descubre Brasil. Constructor de los grandes monumentos portugueses, hasta el punto de dar nombre a todo el gótico portugues: Estilo Manuelino.

Se tienen muy pocos datos y menos retratos de esta reina cordobesa, poco se sabe de ella pues adoptó durante su regencia, lo que hoy llamamos un perfil bajo. Claro que dando a luz 10 hijos, la pobre no debió tener mucho tiempo para celebraciones ni cócteles. Si a eso le unimos que era radicalmente católica, cumplidora de misas, rosarios y novenas, poco tiempo debió quedarle a doña María para posar en retratos. Alguna metedura de pata si que tuvo la mujer cuando se metía en asuntos políticos, como el apoyo que dio al progromo de Lisboa y que le costó la vida a más de 2.000 judios. Tuvo que pedir disculpas públicas por ello.

María de Aragón ( La Reina Discreta) nació el 29 de junio de 1482, en Córdoba, en la corte itinerante de sus padres, Isabel y Fernando. En aquel momento se encontraban en la ciudad andaluza porque lidiaban batalla con el reino nazarí de Granada. Ese mismo año, Boabdil arrebató el trono a su padre Muley Hacén y se convirtió en el último rey nazarí de Granada. Una gemela solitaria, pues pocos minutos después de nacer, la reina Isabel daba a luz a su hermano nacido muerto. María fue la cuarta hija de los Reyes Católicos, antes de ella nacieron Isabel, Juan y Juana y posteriormente nacería la pequeña Catalina.

El nacimiento de la infanta María fue celebrado en la ciudad con varios días de fiestas. De hecho, la primera corrida de toros documentada en Córdoba es la que se celebró para festejar el nacimiento de la cuarta hija de los Reyes Católicos. María fue bautizada en la catedral de Córdoba el 7 de julio y, aunque no se han conservado testimonios de las celebraciones por este evento, se puede suponer que fueron semejantes a las que se hicieron en Sevilla con motivo del bautismo de su hermano Juan, con la diferencia de que éste era el príncipe heredero.

María recibió una esmerada educación en la corte, de la mano de importantes eruditos y bajo la supervisión de la soberana, empeñada en que todos sus hijos, sin distinción de sexo, tuvieran conocimientos en lenguas, historia, humanidades, entre otras disciplinas, para hacer de ellos importantes reyes o reinas consortes dignas de los tiempos modernos.

María era de tez clara, ojos azules y pelo rubio rojizo o castaño. Era delgada y alta, a pesar de que sus padres eran de estatura mediana. Había heredado los rasgos de la familia Trastámara. La reina María no fue muy mencionada por su belleza, probablemente no fuese considerada tan bella como sus hermanas. Sin embargo, los retratos de la reina María nos muestran a una mujer con delicado semblante y no desprovista de belleza.

En un primer momento, el destino de María quedó en suspenso. Mientras su hermana mayor estaba destinada a ser reina de Portugal, el príncipe Juan rey de Castilla y Aragón y para Juana se pensó en casarla con el archiduque Felipe de Borgoña, ella quedó a la espera de alguna necesidad diplomática en la política geoestratégica de sus padres. La muerte de la primogénita Isabel rompía los lazos con Portugal que tan celosamente habían forjado ambos reinos, por lo que fue entonces cuando se pensó en María para volver a unir dichos lazos.

María tuvo escasa influencia en la corte, dedicándose al papel que se presuponía a una reina, dar un heredero al trono y no dio uno sino diez hijos, entre ellos los reyes Juan III y el cardenal don Enrique que sería rey como Enrique I de Portugal, y la infanta Isabel que se convertiría en la esposa de su primo Carlos, rey de España y emperador del Sacro imperio Romano Germánico.

La reina María falleció el 7 de marzo de 1517 a consecuencia de su último parto, del que nacería el infante Antonio que tampoco sobreviviría. Tenía solamente 34 años. El sepelio fue en el Monasterio de los Jerónimos de Belém, Lisboa, donde descansan los restos de esta cordobesa discreta.

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