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“La Batalla de Córdoba” Fresco pintado por Alfred Rethel en 1849 para el Ayuntamiento de Aquisgrán.

Hoy a esto le llamaríamos una “fake news” pero antiguamente se le llamaban “leyendas” y tenían el mismo efecto político que nuestras “fake”. No, Carlomagno nunca pisó Córdoba, ya le hubiera gustado a él. En realidad parece que lo intentó pero salió con el rabo entre las piernas.

Los emires de Zaragoza. allá por el 760, buscaron la alianza de Carlomagno para que les ayudara a invadir Córdoba, con la que estaban en disputa por un “quítame esas tasas”. Carlomagno, que ambicionaba llegar a Andalucía pensó que podía engañar a los maños y así usarlos para llegar a Córdoba. Así que con sus tropas se plantó a las puertas de Zaragoza, que fue lo más lejos que el gran emperador, llegó en la piel de toro.
Pero los emires, que eran infieles pero no tontos, pronto vieron que Carlomagno tenía un As bajo la manga, y este tuvo que salir pitando para los Pirineos.

Pero como no habían conseguido botín, y a la guerra la tropa iba por él, no se les ocurrió otra cosa que arrasar hasta sus cimientos la ciudad de Pamplona. Y claro, esto no gustó nada a los vascones, que los persiguieron y les dieron un tunda en Roncesvalles que todavía no han olvidado. Todo esto se puede leer en el gran poema épico de “La canción de Rolando”, otra “fake news” escrita 300 años después del episodio.

Pero entonces..? Qué pinta en la sala de Tronos del Ayuntamiento de Aquisgrán, construido con los restos de la ciudad palatina de Carlomagno, un fresco de grandes dimensiones titulado “La Conquista de Córdoba”, que cualquiera pensaría que fue verdad.

La culpa es del Romanticismo, ya saben, tan aficionados a las leyendas y los mitos. El cuadro fue pintado en 1849 por Alfred Rethel, un romántico clave de la pintura alemana, junto con otros cinco para rememorar las hazañas del Emperador. Hay varios detalles curiosos en esta pintura que quiero comentar. El primero y más extraño es que los caballos de las tropas de Carlomagno llevan los ojos vendados y eso es raro, raro. El miramolín que está siendo estoqueado sujeta con una mano un curioso trapo negro que parece tener una grotesca máscara en el extremo. Y no es la bandera, que sujeta con la otra mano y que el emperador se dispone a quitarle. Además hay un obispo en primera linea y eso también es raro.

Bien, pues resulta que todos estos detalles son importantes para construir lo que (no) sucedió en esta legendaria batalla. Yo lo he encontrado escrito en un viejo libro editado en 1840 y firmado por un tal Nicolás de Piamonte que asegura que lo único que él ha hecho es traducir un viejo libro francés que ha llegado a sus manos.

Ahí va el relato que explica el porque del cuadro y que seguramente el pintor también leyó.

 

♦ De como Carlo Magno hubo batalla con los reyes de Sevilla y Córdoba. ♦

Cuando el rey de Córdoba y el de Sevilla supieron la muerte de Ferragus y de los otros caballeros, hubieron gran pesar de ello y enviaron sus embajadores al emperador Cario Magno diciéndole como los reyes de Córdoba y Sevilla tenían gran deseo de hacer batalla con él y que si quería ir a un campo llano muy grande con su gente de guerra, que los toparía en él con sesenta mil hombres de pelea, y el emperador les dijo: decid a los reyes que aunque no tengo tanta compañía como ellos, no dejaré por eso de ir al campo para el día que fuere señalado, y elegido el campo y el día mandó el emperador apercibir toda su gente y lo mismo hicieron los reyes moros, y mandaron hacer diez mil carántulas muy feas algunas negras otras coloradas con grandes orejas y mayores narices, y mandaron que se las pusiesen los peones y que cada uno tuviese un cencerro en la mano y cuando entrase Carlo Magno en el campo con su gente y ordenase sus escuadrones para acometerlos, se pusiesen delante de los peones con las carántulas, y tañendo los cencerros espantaron los caballos en tanto grado que a pesar de sus señores echaron á huir y desbarataron todos los escuadrones, y entonces acometieron los paganos con buena ordenanza y mataron muchos cristianos. Viendo esto el emperador Carlo Magno mandó recoger toda su gente y ordenó a los de a caballo que cada uno pusiese un paño delante los ojos de su caballo y que le cerrasen los oídos con algodón, y que en la mañana con buena ordenanza acometiesen a sus enemigos, y asi fué hecho, y duró el combate hasta medio dia y los desbarataron á todos salvo diez mil hombres que tenían en guarda dos carros con grandes reparos alrededor, y en uno de estos carros estaba un estandarte y estaban juramentados estos diez mil ginetes, que por peligro ni afrenta en que se viesen no volvieran la cara a sus enemigos mientras el estandarte estuviese alzado, y sabiendo esto Carlo Magno se metió con gran furor y denuedo en los paganos e hizo tanto que quitó la bandera y la arrojó al suelo, y entonces echaron a huir los diez mil hombres y los cristianos los siguieron hasta que se metieron en una ciudad que era del de Córdoba y un noble anciano que tenia en guarda la ciudad se tornó cristiano y le bautizó el arzobispo Turpín y á otros muchos con él y a los demás los mataron.


 

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